(Por fortuna) la pasión futbolera no me ciega tanto el corazón como para que no le tenga un cierto cariño a jugadores del Eterno Rival. El malogrado don Francisco Javier González Urruticoechea (Urruti para los amigos y los enemigos) es uno de ellos (por mucho que fuera una de las bestias negras de mi infancia).
Resulta complicado negar la existencia del Destino después de echar un vistazo a la biografía de Urruti. Los penaltis -lo más parecido a un fusilamiento que encontrará en un terreno de juego- se volvieron una metáfora de su vida. Recuerdo pensar de pequeño: "¡Qué difícil es meterle un penaty a este fulano! ¡Qué tío, siempre se tira para el lado bueno!" Sí, Urruti era especialista en amargarle la vida al valiente que se atrevía a retarle desde el punto fatídico. Detuvo el chut ante el Valladolid que certificó la primera liga culé en muchos años ("Urruti, t'estimo", gritaba el narrador) y, al año siguiente, resultó clave en la tanda que permitió al Barcelona clasificarse para su primera final de la Copa de Europa en décadas. Precisamente, este es nuestro vídeo de hoy. Urruti detiene el disparo que habría supuesto la eliminación barcelonista y, un cuarto de siglo antes que CR7, realiza el famoso gesto de calma, calma.
Y es ahora cuando empieza la tragedia: la final de la Copa de Europa ante el Steau de Bucarest se disputó el 7 de mayo. Cuatro días antes, el Barcelona había hecho oficial el fichaje de Andoni Zubizarreta para -casi con total seguridad- relegar a la suplencia a Urruti. Pero esto no le hundió el ánimo, todo lo contrario: de nuevo una tanda de penaltis, de nuevo Urruti deteniendo dos lanzamientos. Lástima que sus compañeros no fueran capaces de meter ni uno de los cuatro que intentaron.
Desde ahí, todo fue de mal a peor: suplencia, olvido y retiro. Años después, Urruti volvió a nuestras vidas como comentarista televisivo (flojito de expresión oral, las cosas como son). Hasta que llegó otra noche de final de la Copa de Europa, tanda de penaltis y negro desenlace. Aquella maldita madrugada del 24 de mayo de 2001 -horas después de que otro equipo de nuestra Liga se quedara a sólo once metros de la Orejona-, el Destino se le montó en el coche y le dijo -como Urruti tantas veces le había soltado desafiante al lanzador de turno-: "¡Tira, tira!"
El mismo Destino que también se le había subido al auto años ante al que fuera rival íntimo de Urruti al otro lado de los 11 metros. Pero esa es otra historia...